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¿De verdad lo necesitas?

La perspectiva acerca el consumismo que nos deja el terremoto de Venezuela
13 de julio de 2026 por
¿De verdad lo necesitas?
NATALIA SANDOVAL ZUÑIGA
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Tengo dos imágenes en mi mente que quisiera compartir contigo.

La primera nos lleva por los pasillos de un centro comercial. Un lugar elegante, con música de fondo, aire acondicionado y grandes tiendas cuyos nombres reconoces desde lejos. Encontrar un espacio en el parqueo se vuelve complicado porque todo está lleno. Pero cuando finalmente lo logras, comienzas a recorrer esos hermosos pasillos rodeado de personas cargando bolsas de compras.

Todo parece invitarte a consumir. Comprar porque lo quieres, porque te lo mereces, porque es la novedad  o simplemente porque apareció una oferta que no puedes dejar pasar.

Ahora salgamos de esos pasillos por un momento.

Quiero llevarte a un lugar completamente distinto. Imagina un edificio en ruinas. Ahí solo hay concreto destruido, polvo y los restos de lo que, horas antes, era el hogar de muchas familias.

Una tragedia cambió todo en cuestión de minutos.

Mientras los rescatistas remueven los escombros sin perder la esperanza, sucede algo que parece imposible. Treinta y dos horas después encuentran a una niña con vida.

Y como si todo alrededor se detuviera se capta su rostro ella  sonríe y su mirada está llena de ternura. 

No sonríe porque todo esté bien. A su alrededor todo sigue destruido. Sonríe porque está viva. Porque alguien la encontró. Porque, después de treinta y dos horas bajo los escombros, vuelve a mirar el cielo.

Hay sonrisas que dicen más que mil palabras. Y la de esa niña nos recuerda, sin pronunciar una sola frase, qué es lo verdaderamente importante. Es entonces cuando no puedo evitar hacerme y hacer una pregunta: ¿de verdad necesitamos tanto?

¿De verdad necesitamos tener lo último en tecnología, la moda de la temporada o el dispositivo más reciente para medir la calidad de nuestro sueño?

Las imágenes de tragedias como esta tienen la capacidad de devolvernos la perspectiva. Nos recuerdan que aquello que realmente tiene valor no se vende en una tienda, no cabe en una bolsa de compras y no depende de una oferta.

Lo verdaderamente valioso está en nuestro hogar. Está donde vivimos. Está en el lugar donde están las personas que amamos.

Al final, lo que de verdad necesitamos es mucho más sencillo y, al mismo tiempo, infinitamente más valioso. Necesitamos vida. Necesitamos respirar un día más. Necesitamos que nuestro cuerpo siga respondiendo. Necesitamos saber que quienes amamos también siguen aquí.

Cuando lo único que ocupa tu corazón es descubrir si los tuyos siguen con vida, comprendes que todo aquello por lo que corrías ayer pierde importancia. Descubres que lo único verdaderamente indispensable era eso que has asumido que siempre estará: escuchar la voz de tu pareja, reír con tus hijos, recibir el abrazo de tus padres, compartir  con amigos o simplemente volver a estar junto a quienes amas.

Quizá por eso este también sea un buen momento para replantear el orden de nuestras prioridades. Ir un poco más despacio. Disfrutar más lo que ya tenemos.

Volver a mirar con gratitud aquello que la rutina hizo invisible. Porque muchas veces vivimos rodeados de las mayores riquezas de nuestra vida y dejamos de apreciarlos simplemente porque nos acostumbramos a ello.

Y antes de frustrarte por aquello que aún no tienes, antes de endeudarte para comprar algo más, antes de correr detrás de la siguiente novedad, detente un instante y hazte una sola pregunta:

¿De verdad lo necesito?

¿De verdad lo necesitas?
NATALIA SANDOVAL ZUÑIGA 13 de julio de 2026
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